Historia

Apuntes sobre historia de Castrillo de Murcia

El actual Castrillo de Murcia, sin retroceder a la época celtibérica o romana, de la que algunos vestigios (monedas, silligatas, cerámicas, etc.) y el paso por su término municipal  de la Vía romana Clunia- Amaya  manifiestan asentamientos humanos anteriores, tiene su origen en la Edad Media.

 Los más reconocidos autores datan su repoblación entre los años 880 y 885, como uno de los núcleos fortificados y repoblados en época del Conde Diego Rodríguez Porcelos, fundador también de la ciudad de Burgos, en el reinado del monarca asturiano Alfonso III. No obstante, pudo ser el Conde Nuño Núñez, que por esas fechas recuperó la fortaleza de Castrojeriz, el impulsor de la repoblación de Castrillo de Murcia

 El 7 de julio del año 1029, en un protocolo del Monasterio de San Juan de la Peña, figura citado por primera vez como “Castrello de Muça”. En otro documento del Cartulario de Arlanza, datado en 1062 se le nombra como “ Catriello de Muza” . A partir de estos hay varios documentos donde aparece indistintamente como: “Castriel de Muza”, “Castil de Muza., e incluso “Castillo de Muça”.

Los vocablos “Castriel, Castriello, Castillo...” manifiestan el carácter fortificado del incipiente núcleo de población, mostrándose en nuestros días un urbanismo típicamente medieval. La palabra “Muza o Muça”, puede hacer referencia bien al Adalid Musulmán Muza cuyas huestes conquistaron la Península Ibérica entre los años 711-714, bien a sus hijos, bien algún mozárabe u otros notables musulmanes y mozárabes que tuvieron este apellido (sobre todo los Banu-Qasi, que disputaron las incipientes tierras castellanas a los foramontanos): nos faltan datos concretos para dar por definitivas cualquiera de estas teorías.

El apellido Muza se mantiene hasta el siglo XV, a lo largo del cual va evolucionando y alternándose en documentos por el de “Murcia”, apellido actual. En el documento más antiguo que conserva el Archivo Municipal de Castrillo de Murcia, datado de 1496, aparece indistintamente como “Castil de Muça” y “Castrillo de Murcia”. A partir de este, todos los documentos lo mencionan como lo llamamos hoy.

En su término también se asentó un pequeño pueblo denominado “Valleziello” (Vallecillo) que formo parte de dote que se inscribe en la Carta de Arras del Cid Campeador a su mujer Doña Ximena en el año 1074.

Otros dos próximos núcleos documentados, hoy desaparecidos, eran vecinos del incipiente núcleo: Graxera (entre Castrillo y Villadiego), Villajos (hacia Castrojeriz). También está documentado el pequeño cenobio de “Sant Iurde” (San Jorge), próximo al pueblo, aunque ya en el término municipal de Villasandino.

Los primeros siglos después de la repoblación se hacen difíciles, primero por la precariedad de las “presuras”, y la necesidad de tener “una mano en el arado y otra en la espada”: muchos recursos económicos y humanos eran empleados para la guerra y para aderezar una y otra vez las defensas comunales.

A partir del siglo XI se deja sentir un florecimiento demográfico que hace pervivir los pequeños núcleos repoblados, e incluso el núcleo principal se muestra ya en dos barrios El de Santa María de Barriuso (extramuros) y el de Santiago, que va tomando cada vez más importancia.

El ámbito jacobeo se deja sentir fuertemente en el  valle, como se demuestra que la iglesia principal de Castrillo y la de Grajera que estén dedicadas a Santiago Apóstol; además, un hospital de tres camas y una ermita advocada desde tiempo inmemorial a San Roque (“Roque Santo y Peregrino”) da razón a esta tesis.

Durante toda esta época casi todos los pueblos son Behetría, particular forma de entender el derecho señorial en Castilla, y Castrillo de Murcia así como Vallecillo son behetría de la familia de los Sandoval, por entonces Condes de Castrojeriz, aunque los impuestos principales (“martiniega, servicios y monedas”) de Castrillo eran derechos del Rey y lo pagaban directamente al castillero de Burgos, mientras que el señor solo le pagaban la “infurción” y la denominada “divisa”.

La peste negra, las hambrunas, las guerras civiles y otros males favorecen una gran crisis demográfica desde fínales del Siglo XIV hasta mediados del Siglo XV. La cuarta parte de los núcleos de población documentados desaparecen de nuestras tierras para siempre: ya no volverán a nombrarse como pueblo ni Vallecillo ni Grajera, desapareciendo también el pequeño monasterio de San Jorge. De Vallecillo quedara su Iglesia y cementerio convertida en la ermita de Santa María de Vallecillo.

En el Siglo XV Castrillo mantiene el núcleo principal, mientras se debilita el barrio de Santa María de Barriuso. Pasados estos años se registra de nuevo el florecimiento económico y demográfico, manifestándose en la traza y construcción de la Iglesia nueva de Santiago que será terminado al siglo siguiente.

Durante el Siglo XVI el pueblo afianza su autonomía y jurisdicción frente a los intereses del Conde y Villa de Castrojeriz en mantener e, incluso, ampliar sus atribuciones. El concejo pleitea fuertemente contra estos intereses y los desmanes de la nueva hidalguía Castreña: los Mendoza. Al final los concejos y “hombres buenos” de los lugares de Castrillo de Murcia, Yudego y Villandiego tienen razón y así lo dicta la sentencia definitiva de Real Chancillería de Valladolid.

Mientras tanto, este Siglo de Oro nos muestra su mejor cara en la Construcción de la Torre y las capillas del último cuerpo de la Iglesia. Las Memorias y Fundaciones de los más acomodados se dejan sentir. E Beneficiado Don Juan Conde, presbítero de la Iglesia de Santiago funda en 1547 una capellanía, y obra pía que mantendrá el Arca de Misericordia hasta el Siglo XVIII.

Seis beneficios y un medio: siete clérigos componen el cabildo de las parroquias unidas de Santa María y Santiago.  En 1588  finaliza la construcción de la nueva iglesia de Santiago Apóstol, quedando esta fecha marcada en cada una de las claves de la bóveda anterior al coro.

En 1580, Castrillo de Murcia cuenta con 95 vecinos, ningún noble entre ellos: más de 500 habitantes que se dedicaban al campo, al ganado ovino, a la miel, y a otros oficios. Todos ellos envueltos en la cultura del catolicismo más severo. Este espíritu religioso se manifiesta también en las numerosas cofradías que a partir de este siglo van a ser las protagonistas y regidoras de las costumbres de este pueblo. En concreto, conocemos documentadas en esta época las cofradías de San Andrés, a la que estaba encargado entonces el Hospital, la de San Pablo y otra denominada ”del Nombre de Jesús”, las cuales nunca tuvieron regla, o al menos, no se han conservado.

Las capellanías, cofradías, memorias, obras pías etc. de los fieles vecinos van dando un patrimonio considerable a estas instituciones eclesiásticas. Este aspecto hace que los edificios más notables tengan como titular a dichas instituciones: Iglesias, Ermitas, Hospital, Trojes, Bodegas,...)

Los fuertes impuestos, por el incremento de los “cientos, millones, Servicio Real, etc.” y la alta tasación de su base imponible, de la que se quejaran siempre los vecinos de Castrillo, junto con algunas malas cosechas y pestes que de vez en cuando afloran, hacen transcurrir menos años de bonanzas que de penurias.

Durante el Siglo XVII continua el entorno y contexto socio-cultural del anterior, aunque se debe señalar el otorgamiento del Privilegio de Exención de Jurisdicción, desde el que Castrillo de Murcia deja de denominarse “Lugar” para nominarse “Villa” desde aquí hasta nuestros días. Es la definitiva autonomía del concejo y hombres buenos de Castrillo de Murcia con respecto al Concejo y Justicias de Castrojeriz.

En el año 1621 se funda la Cofradía de Santísimo Sacramento con el fin de hacer fiestas para honrar a la Eucaristía: la Fiesta del Colacho se institucionaliza y se da el paso fundamental para que llegue hasta nuestros días. Las cofradías anteriores no volverán a ser mencionadas y serán sustituidas por otras: Cofradía de Nuestra Señora de la Purificación, a la que se adscribe el Hospital, Cofradía de las Animas, del Rosario, de las Nieves, serán las que suenen a partir de aquí.

A finales de siglo un voto del concejo une a Santa Bárbara con el pueblo de Castrillo: este le corresponde con una Ermita y fiesta con función al año; aquella con sus mejores favores.

 Los inicios del Siglo XVIII son poco esperanzadores: la Guerra de Sucesión hizo que El Rey enviara órdenes por Toda España para que se alistase la gente que pudiera acudir a la guerra. Sin embargo “hubo muchos inconvenientes en prender a los mozos y casados que había tocado en cada lugar, pues muchos de ellos se iban a los montes y perecían de hambre y llegándoles a prender, hacían muchas tropelías con la justicia, pues algunos perecieron lo primero en las ejecuciones de los que estaban impedidos por razón de achaques habituales y había muchos fraudes, y así se eximían muchos a costa de dinero, haciéndose ricos, doctores, letrados escribanos, corregidores, (...) “Muchos víveres llevaron de estas tierras a los frentes En 1706, se añadió a todo esto “ la gran secura que hubo pues no llovió en los meses de marzo, abril, mayo, ni junio, haciendo estos meses muchos calores por cuya causa y la referida, se quemaron los frutos, los hielos en abril, y en muchas partes la  piedra”.

Estabilizada la situación, el pueblo mantiene por un Real Privilegio confirmado por Felipe V el derecho de Fiel Medidor y Oficio de Correduría de vinos.

En 1751 Castrillo de Murcia es un pueblo que tiene 144 vecinos, casi 700 habitantes. Se cuentan 169 casas habitables, aunque no todas habitadas. En la villa podemos encontrar 48 labradores, 38 jornaleros, 5 clérigos, un “cirujano-sangrador”, una escribano de numero, dos sastres, un ormero, un zapatero, un “tratante”, dos tejedores de lienzos,  un ”cardador y tratante de paños”, un cantero y albañil, dos “puertaventanistas”, un maestro de primeras letras, un herrero y cerrajero, y un guarda de campo; “Todos los demás (...) son imposibilitados de poder trabajar por hallarse los unos impedidos y los otros con edad de más de sesenta años”. También se da cuenta de la existencia de una taberna pública y de un molino harinero. Así mismo existe una cabaña ganadera de notable importancia: 1.240 cabezas de ganado lanar, 17 yeguas, 13 vacas y 12 jatos. Los cultivos son de secano, produciendo trigo, cebada, centeno, morcajo, avena y yeros. También son importantes las viñas así como los olmares, tanto para la leña como para fabricar arcos para las cubas. La superficie dedicada a pastos es también muy importante. 149 pies de colmenares y algunos huertos completan el contexto productivo del pueblo.

Tampoco son nada fáciles los inicios del Siglo XIX, pues entre diciembre de 1803 y enero de 1804 mueren más de 50 personas por las fiebres. Entre los años 1810-1813 se deja sentir la invasión francesa y la guerra: “impedido el pueblo de las crueles persecuciones de los franceses enemigos de España, sufriendo sus execrables excesos, saqueos y robos, careciendo absolutamente de facultades todos sus vecinos para ocurrir a sus pedidos y contribuciones de toda especie a las dos guarniciones de Sasamón y Castrojeriz...”

A mediados del Siglo XIX ya no quedan prácticamente ningún bien en manos de las instituciones clericales, todo se expropia, apareciendo consigo un número importante de braceros. Se produce trigo, cebada, centeno, avena, titos, lentejas, vino, cáñamo y lino. “Las crecidas rentas que pagan los vecinos por las heredades que cultivan, es la causa de que no alcancen las cosechas a su manutención, por manera que tienen precisión de buscar cantidades a préstamo para llenar sus necesidades (...) hay 200 cabezas de ganado lanar, cuya cría anual será de 70; 44 reses vacunas destinadas a la labranza; 20 caballerías menores que dedican a la carga, y 10 yeguas (...) La Industria está reducida a 4 tejedores de lienzos comunes y estameñas, que consumen en el pueblo; Los demás se dedican generalmente a la agricultura y la fabricación de arcos para cubas de encerrar vino (...) Población 74 vecinos, 294 almas.... Un ambiente sensiblemente más desolador que un siglo antes. No obstante, las investigaciones de quien redacta estos apuntes han descubierto, al menos, que la población de estos momentos es más del doble que la que se cita anteriormente: nos da la sensación que cuando les preguntan por su pueblo son lo más pesimistas posibles, quizás para evitar al fisco.

   En la segunda mitad del Siglo, un hijo del pueblo llamado Juan García Valdemoro, “Gentilhombre” en la corte de Alfonso XII y Pintor, trata de acercar, con su influencia, el ferrocarril Burgos-Sahagún por Castrillo de Murcia. La posibilidad divide un poco al pueblo, aunque al final este proyecto no se hará nunca.

El Siglo XX será en principio, el de la revolución demográfica, Castrillo contará con cerca de 900 habitantes en los años 1950, el de la revolución económica y social, el de los avances técnicos... y a la postre el que hace añicos la cultura tradicional rural: algunos elementos quedaran en el recuerdo de museos. La desolación demográfica nos recuerda aquella de seis siglos antes. Pero el pueblo se resiste a desaparecer y conserva en sus costumbres, urbanismo y arquitectura popular la mejor de sus esencias.

En 1974 el pueblo decide mancomunarse para solucionar el problema de secretaria de su ayuntamiento: el resultado es que pierde su Municipio y queda anejo desde entonces al Municipio de Sasamón. Después de tantos siglos luchando por mantener una tradición de concejo libre, los vecinos se sienten engañados, y añoran la recuperación de una autonomía que no debieron perder nunca.


Texto de: Ángel Manso Dueñas

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